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domingo, 17 de noviembre de 2019

TODO ESTÁ DISTINTO...


Todo está cambiado... distinto 
Mis pasos se encaminan hacia un lugar en el que no hay... nadie. 
He repasado todos los lugares a los que antes iba y que me gustaban porque eran la mayoría de opinión y poesía, cada cual a lo suyo y ahora la mayoría ya no están. 
Pero bueno, yo he decidido volver aunque sea para predicar en el desierto. 
Con esto no quiero decir que me vaya a dedicar a marear la perdiz o a adoctrinar a nadie, bastante tengo con aclararme yo. 
Solo quiero que si alguien me lee o se entera que estoy otra vez por aquí me deje un saludo. 
Sigo sin poder acceder a mis otros blogs así que supongo que será un poco-bastante difícil que me encuentren. 
Hasta la próxima entrada, no sé lo que publicaré, poesía... relato... cuento... opinión... 
Neus T.Gómez 


ERAN OTROS TIEMPOS...




                                                       
Hace cuarenta años, había una mujer sencilla, que se casó enamorada, como las de ahora, con un marido... bueno, eran otros tiempos.

Sus celos, sus borracheras, sus cambios de humor, y su agresividad...

Pasó de ser una persona, más o menos, independiente e ilusionada, a convertirse en nada, en una sombra, en un guiñapo.

Pidió ayuda, consejo...

Todos le decían, que no podía irse, nadie le ayudó. Y los consejos... los consejos de que aguantara, que eso era normal, que todos los hombres lo hacían... ¡porque las querían!

Durante un tiempo largo, muy largo, aguantó sus malos modos, sus gritos, sus palizas... y toda la vergüenza, al cruzarse con los vecinos, que pasaban por su lado sin ver... pero, lo que más le dolía eran, sus pequeños hijos, escondidos y atemorizados, testigos mudos.

Intentó huir, quería descansar, llegar a puerto seguro, pero solo consiguió los ojos morados, la mandíbula partida, un brazo roto, y un dolor insoportable por todo su cuerpo.

Sola, sin ayuda, por ella y sobre todo por sus hijos, decidió, que ya estaba bien, que no podía más. ¡Se enfrentó a él!

¡Ahora, ya no tenía miedo!
¡Ahora, por fin, estaba tranquila y era feliz!

Todo había terminado, ya no más escándalos, ni palizas.
Ya no sentiría vergüenza, ni suplicaría ayuda.

Ahora, tumbada en el suelo, con el cuerpo cubierto de sangre, sin respirar y con el corazón partido, no solo por el dolor...

Ahora sí, ahora lo había conseguido.

Podía descansar.

Había comprobado, el último acto de amor, de su marido.