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domingo, 17 de noviembre de 2019

ERAN OTROS TIEMPOS...




                                                       
Hace cuarenta años, había una mujer sencilla, que se casó enamorada, como las de ahora, con un marido... bueno, eran otros tiempos.

Sus celos, sus borracheras, sus cambios de humor, y su agresividad...

Pasó de ser una persona, más o menos, independiente e ilusionada, a convertirse en nada, en una sombra, en un guiñapo.

Pidió ayuda, consejo...

Todos le decían, que no podía irse, nadie le ayudó. Y los consejos... los consejos de que aguantara, que eso era normal, que todos los hombres lo hacían... ¡porque las querían!

Durante un tiempo largo, muy largo, aguantó sus malos modos, sus gritos, sus palizas... y toda la vergüenza, al cruzarse con los vecinos, que pasaban por su lado sin ver... pero, lo que más le dolía eran, sus pequeños hijos, escondidos y atemorizados, testigos mudos.

Intentó huir, quería descansar, llegar a puerto seguro, pero solo consiguió los ojos morados, la mandíbula partida, un brazo roto, y un dolor insoportable por todo su cuerpo.

Sola, sin ayuda, por ella y sobre todo por sus hijos, decidió, que ya estaba bien, que no podía más. ¡Se enfrentó a él!

¡Ahora, ya no tenía miedo!
¡Ahora, por fin, estaba tranquila y era feliz!

Todo había terminado, ya no más escándalos, ni palizas.
Ya no sentiría vergüenza, ni suplicaría ayuda.

Ahora, tumbada en el suelo, con el cuerpo cubierto de sangre, sin respirar y con el corazón partido, no solo por el dolor...

Ahora sí, ahora lo había conseguido.

Podía descansar.

Había comprobado, el último acto de amor, de su marido.

2 comentarios:

  1. Qué triste esa realidad.
    Porque muchas han pasado por esa horrible experiencia.
    Un saludo

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    Respuestas
    1. Gracias por tu visita.
      Esto lo publiqué en el 2011 py todo sigue igual o peor

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